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We Say What You Mean

Sunday, July 17, 2016

Oh Lord, please don´t let me be misunderstood

By Hugo Pooley, AIB
Conference Interpreter

                                         


Probably all colleagues have experienced the same conversations with delegates at coffee breaks. Along with "Ah, so you´re an interpreter - how many languages do you speak?" (try replying "One"), one of the most recurrent questions is "Do you understand what you are saying, or do you just repeat words?"

Now there´s a can of worms.  The meaning of meaning is a real philosophical bodice-ripper, but what are we to understand by understanding?

How much grey matter activity is going on
·      when a dog obeys the instruction to "Sit"?
·      when a toddler trained in a second language correctly points to the blue flower or the square brick or their nose ?
·      when we say "Sure smoking is bad for you" but continue on forty a day?
·      when an amateur translates word for word? ("From lost to the river...")
·      when a UKIP voter is told "Let´s take back control of our country" or indeed when a top Tory is warned that referendums can go either way?

Ever noticed what a bad sign it is in a relationship when the phrase, "I can´t understand why you..." is used frequently? Indeed what difference does it make to reality whether we understand it or not?

Does our delegate sipping their coffee and savouring the Martinez biscuits really believe that the conference organisers would pay us what they do if we were engaged in mere psittacism? A machine could certainly do that.

Passing all comprehension is the understanding of the simultaneous or consecutive interpreter: the professional listener. This is deep listening, constantly monitoring the message for inconsistencies or contradictions, considering the speaker´s intention and register, collating with the context and our own knowledge of the subject matter, while also continuing to listen to the original, and to ourselves (ever wondered why interpreters generally only use one side of the headphones?)

What has become known as ´reformulation´ no doubt has a lot to do with all this. One of the main traits acquired in interpreting school is this separation, distance, from the form, the shape, the words, the word order, of the original discourse (I say trait, rather than technique, because it is surely an outcome of the training). Lewis Carroll understood: "Take care of the sense, and the sounds will take care of themselves." 

Another question often heard is what language a person thinks in. The contention that thought does not take place in any language at all is borne out by considering that there are experiences, for example dreams, which defy expression; or that often a person knows precisely what they wish to say, yet cannot find the words... It is to this conceptual plane that Seleskovitch´s immortal triangle refers: the interpreter should be processing the original words into the message, beyond words, and then, in a second stage, re-expressing that in the appropriate words of the target language. Which is part of the reason why interpreting is so tiring. And explains why you could memorise equivalents of endless sets of words until you were blue in the face, to no avail. And why it is so annoying to be asked, "What would you say for (for example) ´My widgets are discombobulated´?" Answer: "Try me - in context - sometime."

It is apparent that a translator, possibly even a virtual one, can render the words (for example) "The European Parliament urges the Council to oblige the Commission to revise its proposal on gussets" from one language to another in a comprehensible fashion. Put the same, however, through an interpreter who is not cognisant of the realities lying behind the message, and even if they succeed in uttering the right words, they will not bear a sufficient burden of meaning, of "vouloir dire", for the meaning to be apprehended by the listener: empty words. 

On a good day, the conference-goer, unaware of the interpreter´s identity, may even ask them where they practise as (say) a nuclear physicist. For while it takes many years to learn how to design a nuclear power plant, the science involved can be grasped in a matter of days´ study. We charge not so much for the day´s work as for the years spent acquiring the necessary techniques.

This interpreter well remembers how, after a student had produced a succession of inadequate renditions of a message in consecutive, the aforementioned Mademoiselle S would draw herself up to her full height, stamp her foot, and loudly demand "Mais qu´est-ce que ça veut DIRE?" Very often the shock would be sufficient to galvanise the hapless candidate interpreter into finally getting away from the hypnotic effect of the original words and cutting to the essence.

Another enduring memory of interpreting school is more paradoxical. Success at the final diploma required passing six tests. Having achieved this, I was moved for some reason to seek a breakdown of the grades per test. There must have been some kind of fudge or scam, however, for in his office the Director of Interpretation, the excellent Monsieur T (interpreter to successive Présidents de la République) replied by exhorting me, "Monsieur P, ne cherchez pas à comprendre!" Seems quite reasonable to me in context, but splendidly ironic after spending two years learning to do just that!

"Thank you for your understanding."

Thursday, June 16, 2016

INTÉRPRETE 4.0


Por Lourdes de Rioja, intérprete



La interpretación de conferencias está rodeada de cierta nostalgia; como toda disciplina moderna cuyos orígenes se remontan a un puñado de generaciones, tiende a obsesionarse con su pasado, con aquellos momentos históricos en los que el intérprete fue clave.

Hoy en día muchos profesionales siguen aferrados a ese pasado, tendiendo a olvidar el medio siglo que ha pasado desde entonces. Todo ello a pesar de que ya no se hace política como entonces y ni líderes ni necesidades son iguales. La interpretación de conferencias se ha profesionalizado: más lenguas, más foros, más escuelas de interpretación, más tecnología, más de todo. Ha llovido mucho, y no a gusto de todos, desde Núremberg.

Estos nuevos tiempos plantean necesariamente un examen de la profesión porque los intérpretes, formados para trabajar bajo un alto grado de presión, y con mayor nivel de exigencia, tienen difícil encaje fuera de su entorno laboral natural. Por ello, hablar de presente, y mucho más de futuro, resulta difícil pero prioritario. ¿Ha muerto la interpretación? ¿Existe un futuro? ¿Para qué estudiar esta disciplina en la actualidad? Estas son algunas de las preguntas que ahora flotan en el ambiente porque nadie pensó que este futuro laboral llegaría tan rápido. Y sí, ese futuro ha llegado para muchos marcado por la crisis, el intrusismo, la precariedad, el exceso de profesionales capacitados y cualificados o la muerte del multilingüismo entre otros males.

Por eso es necesario plantearse las preguntas existenciales: ¿hay futuro?, y de ser así, ¿para quién? No creo que esa pregunta tenga una única respuesta; los perfiles, caracteres, destrezas personales o espíritu empresarial marcarán la diferencia, pero sí creo que hay futuro para la interpretación de conferencias, un futuro diferente, eso sí, en el que cada uno tendrá que jugar todas sus bazas y diversificar. Sólo así el mercado, cada vez más dinámico, flexible y competitivo, nos aceptará.

La clave de esa diversificación a mi entender está en atreverse a “pensar diferente”, a ser creativo utilizando todas las herramientas que ya dominamos y que hoy, en un mundo marcado por la comunicación y la tecnología, son fundamentales. Perseverar, probar y fracasar, probar y acertar son la clave. Pretender mantener las fórmulas que funcionaban hace décadas y no adelantarnos a los cambios, intuyéndolos, viendo las necesidades que no paran de surgir, sólo llevará a la frustración y el fracaso. Todos podemos reorientar nuestras carreras con salidas tan, o más, gratificantes que nuestro trabajo actual, al que pueden sumarse sin que este se pierda. Ser un intérprete 4.0.

Si, por tanto, existe un futuro, pendiente de una reorientación profesional, ¿podemos decir lo mismo de las escuelas de interpretación? Una vez más la respuesta depende de las expectativas. Hoy en día ninguna formación asegura el puesto de trabajo inmediato, en eso los alumnos de interpretación no son diferentes a los de arquitectura o filosofía, por ejemplo, y esas facultades están tan llenas como las nuestras. Probablemente, la clave está en los alumnos de hoy, mucho mejor informados y versátiles que sus predecesores, alumnos que escogen sus estudios por gustos o intereses personales, a sabiendas de cuál será el mercado laboral que encontrarán. Estudian lo que les llena a pesar de ser conscientes del futuro profesional incierto que les espera. Es el “flechazo”, o el reto intelectual, lo que les mueve. Disfrutan, y sufren con lo que estudian porque la satisfacción de una consecutiva bien hecha, en el entorno laboral o académico, sigue siendo tan gratificante hoy como hace cuarenta años. El mercado, y lo que traiga, es algo que sólo se plantea más adelante.

Quizá ese sea el mejor enfoque, el disfrutar de lo que hacemos mientras lo hacemos porque así es como surgen las ideas, y por ende las oportunidades. No nos dejemos atenazar por un futuro que siempre será incierto y atrevámonos a probar, y probar.

Friday, May 6, 2016

Traducir, interpretar… y criar bebés. ¡Viva la conciliación!

Intérprete de conferencia



Aviso a navegantes: texto probablemente sin interés alguno para aquellos que no tengan hijos ni quieran tenerlos en el futuro. En caso de que se aventuren a leerlo de todos modos, adelanto cuatro términos útiles para legos:

· Dr. Estivill: especialista en Medicina del Sueño que publicó un libro que, en resumidas cuentas, propugna que hay que reeducar al bebé para que vuelva a dormir, dejándolo llorar durante periodos de tiempo cada vez más largos sin ir a consolarlo.

· Colecho: dormir con el bebé en la misma cama o en una cuna al lado de la cama de los padres. Viene a ser lo contrario del Método Estivill porque el bebé tiene a sus padres al lado en todo momento.

· Pródromos: según la RAE 1. m. Med.”Malestar que precede a una enfermedad.” ¿Desde cuándo el parir es una enfermedad? Según la Federación de Asociaciones de Matronas de España los pródromos equivalen a la fase de preparto.

· Sacaleches: aparatito manual o eléctrico que facilita la extracción de leche materna.

Con ocasión del reciente día de la madre y en vista de que una amplia mayoría de intérpretes somos mujeres/madres/intérpretes/autónomas, voy a hablar un poquito de mi experiencia de la conciliación laboral y familiar. 

A menudo se cree que una profesión liberal, que te permite trabajar en gran medida desde casa y sin un jefe, es ideal para la conciliación familiar y laboral. De hecho, tras finalizar mis estudios de Biología, empecé a estudiar la carrera de Traducción e Interpretación justamente porque me parecía que aprovechar mis conocimientos lingüísticos podría ser una buena alternativa de cara a seguir trabajando si algún día tuviera niños y quisiera quedarme en casa mientras fueran pequeños… ¡Qué poco sabía de la profesión del traductor y aún menos de lo que supone criar un bebé!

Al estudiar la carrera de TeI descubrí la interpretación, una profesión/oficio que hasta entonces siempre me había parecido algo reservado a unos pocos talentos que se movían por las altas esferas. A mi profesora y ahora colega de profesión, le pareció que igual podría acabar siendo una buena intérprete, tras hacer el máster de rigor, y se tiró dos años animándome cada vez que nos veíamos, hasta que al final me lancé a la piscina. Durante ese tiempo me dedicaba a traducir, además de dar clases de inglés, y cada vez veía más claro que el día que tuviera niños me iba a ir muy bien trabajar desde casa. Pasó el tiempo, completé mi máster y, tras trabajar una temporada en Bruselas, volví a Barcelona, ya para "sentar cabeza" y al cabo de unos años formar una familia.

La llegada de mi hija dejó en evidencia lo desencaminado que iba mi plan. Creía que en esas supuestas 16 horas que duermen los recién nacidos iba a tener tiempo de sobras para descansar y traducir y máxime cuando mi marido cogió también una baja por paternidad para estar al pie del cañón. ¡Qué ilusa! La niña se despertaba infinidad de veces cada noche, daba igual que le diera el pecho, biberón, papilla, le aplicara el Estivill o practicara el colecho. No dormía, o por lo menos no de un tirón, así que su padre y yo nos arrastrábamos por la vida como almas en pena. Obviamente mis planes de traducir cómodamente desde casa se fueron al traste: no había forma de concentrarse y sacar un texto coherente en cachitos de dedicación de medias horas y luchando contra un sueño espantoso.

Por suerte, la interpretación me brindó un rayo de esperanza. Una colega amablemente me ofreció un par de conferencias cortitas y, como la interpretación hace fluir la adrenalina a tope, vuelves a poder concentrarte y cuando estás interpretando estás, pues eso, interpretando, y no cabe pensar en nada más. La verdad es que viene estupendamente bien esa pequeña desconexión de un mundo dominado por el bebé y te permite olvidar, por lo menos por un ratito, que en realidad no eres más que una nevera andante. Convencer a los funcionarios de la Seguridad Social de que me volviesen a dar de alta a las 5 semanas fue otra cosa: no les entraba en la cabeza que no fuera a aprovechar las maravillosas 16 semanas con una prestación de 600 eurillos escasos (a los que había que restar la cotización). ¡Qué mala madre, vas a salir de casa unos pocos días al mes durante unas horas dejando al bebé con su padre! rezaba su actitud.

El día que me llegó ya un trabajo de jornada entera, la logística se me complicó, ya que, al darle el pecho, tuve que escoger entre recurrir al sacaleches (¡¡¡Uffff!!!) o que mi marido me acercara a la peque al mediodía allá donde estuviera trabajando y buscar un rincón tranquilo y discreto donde darle de mamar. Una colega afirmó que eso era de lo más normal, que quién no había tenido que contar con que su marido/madre/suegra le trajera el bebé para no tener que dejar la lactancia. Esta opción desde luego era la que me resultó más cómoda, aunque no sé si el padre opinaba lo mismo cuando daba vueltas con ¡una niña muerta de hambre berreando en el coche! En fin, esta dinámica funcionó bastante bien, ya que al fin y al cabo, tampoco hay congreso todos los días.

Con la llegada de mi segundo hijo, ya llevé la cosa un paso más allá. Coincidió con la Expo de Zaragoza, en la que AIB junto con AIM, nuestra socias de Madrid, éramos los proveedores oficiales de la interpretación. Los pródromos del nacimiento del peque y de la Expo prácticamente coincidieron en el tiempo, y así, con escasos meses de vida, el recién llegado se convirtió en un bebé viajero, Ave para arriba y Ave para abajo entre el Camp de Tarragona y Zaragoza. Contaba con una canguro muy maja en Zaragoza que era mi salvación (y de la de un par de colegas más) cuando no me podía acompañar ningún familiar. Por suerte, el peque dormía bastante mejor que su hermana, así que no nos echaron a altas horas de la madrugada de un hotel por despertar a todo el personal...algo que en sí ya me quitaba el sueño.

De todas estas experiencias puedo sacar las siguientes conclusiones:
[if !supportLists]· Trabajar desde casa no es la solución mágica para la conciliación laboral y familiar, o por lo menos no durante los primeros tres o cuatro años, más bien todo lo contrario. Es cierto que tienes más “libertad” para organizarte, pero a menudo el niño te marca y acabas teniendo que reducir tu rendimiento y, en consecuencia, tus ingresos.

· Si alguien te echa una mano, se puede continuar con la lactancia materna durante el tiempo que se quiera.

· Los niños, por alguna extraña ley, si están con su madre se despiertan mil veces por la noche y si ésta está de viaje duermen toda la noche de un tirón. Esto está corroborado por otras madres.

En fin, animo a los que todavía no tengáis hijos a que os lancéis a esta maravillosa aventura...pero tened claro que cada niño es un mundo y que las cosas nunca van a ser como nos las imaginábamos.

¡Felicidades mamis (y papis)!

Sunday, April 3, 2016

Interpreter Training and E-learning: A Match Made in Heaven?

Conference Interpreter



Not too long ago, I was invited to give a talk at the 20th DG Interpretation Universities Conference in Brussels. This is an annual event that brings together interpreter trainers from around Europe and the world. The topic for this year’s conference was “Modern Learning Times – New Learning Needs”. My contribution was made remotely, by video feed (a first for this conference, if I’m not mistaken, which just goes to show that they are serious at DG Interpretation about adopting new technologies).

You can watch the recording of the webstream of the conference online. There is a recording for Day One and another one for Day Two (I spoke on Day Two and my bit starts around minute 55). There’s been some interest expressed about what I discussed in my talk, so I thought I would share the script with you here on our blog. Enjoy!

Interpreter Training and E-learning: A Match Made in Heaven?”
Hello everyone, and thank you for inviting me to share my thoughts about e-learning and interpreter training. I can’t join you in Brussels, unfortunately, but DG Interpretation has kindly made arrangements for me to give my talk in the form of a video. My thanks in particular to Javier Hernandez Saseta and Cathy Pearson for making this possible.

I’ve intentionally chosen a controversial title for my talk on the trainer’s perspective on e-learning. In a moment I’ll explain the idea behind the title, but first let me just say that I am speaking here as more than just a lone freelance interpreter trainer. My comments reflect exchanges I have had with many trainers from all over the world, in a variety of settings, over the course of the past few years.

For some time now, I’ve been active in promoting e-learning among interpreter trainers. I have run a series of Training of Trainers seminars for AIIC on the topic of IT and blended learning – first for the Africa region; then in Paris; then for AIIC Asia; and most recently for AIIC Brazil.

Also, last summer Dick Fleming and I ran a Training of Trainers for the University of La Laguna in Tenerife that looked at both face-to-face and online classroom techniques.

And finally, I organized and moderated a panel discussion on the digital revolution in interpreter education at the FIT World Congress in Berlin in 2014.

Over the course of these events, I was able to talk to well over a hundred interpreter trainers from Maputo to Myanmar to Mexico, from Australia to Ohio to Oman. And there were two main messages that I gleaned from all of these exchanges…

Firstly, that more and more interpreter trainers all around the world are taking up e-learning and blended learning methods. Examples can be seen across the full spectrum of interpreter contexts – conference, community, sign language – and range from 100% online delivery, to blended approaches, to the use of tech-based support for face-to-face learning. They are also happening everywhere in the world, wherever you look.

The second thing that I’ve witnessed in just these past few years is the speed with which our thinking on the topic has become increasingly sophisticated. We are no longer talking at the theoretical level of what online learning might one day look like for interpreters. We are now grappling with practical matters related to implementation, access, community building, testing and assessment, and more. Fortunately, we no longer need to ask ourselves if it can be done. We’ve already proven it can. This means we can now focus on the important question, which is “how can we get it right?”.

… Which brings me back to my controversial title for today. Having spent a good amount of time learning about guidelines for effective virtual learning and comparing these guidelines against what is considered to be “best practice” for interpreter training, I’d argue that the two are, indeed, a match made in Heaven.

Let’s look at this list of best practice guidance for e-learning for a moment. What does effective e-learning consist of?

1) First and foremost, we have the famous concept of the “flipped classroom”. This idea that theory should be studied outside the classroom and that valuable student-trainer time should focus instead on practice. While nothing short of revolutionary in certain higher education circles, I’d argue that this is what good interpreting schools have been doing all along.

2) Then we have the recommendations that e-learning should be well-structured, and take an incremental approach: basically, that material should be clearly broken down into manageable chunks or objectives that are tackled one at a time. Once an online student has mastered one objective, they should be rewarded for that progress and then invited to move on to the next challenge.

Again, in many top conference interpreting schools, this is precisely the approach that is applied from day one – the “objectives-based approach” that breaks consecutive and simultaneous into a series of discrete skills to be trained separately, and moves students progressively through the various phases. Granted, we may need to work a little on the “rewarding effort” bit at times ;), but the underlying structure of a conference interpreter program respects this incremental approach that’s considered to be so important in e-learning.

3) Other golden rules of e-learning relate to participation, communication, interaction. Online students need to feel like they are actively engaging with a teacher, not just passively absorbing material from a screen. Again, we conference interpreter trainers, with our apprenticeship-based approach that has students working side-by-side with professionals to learn the skills they need, are way ahead of the game here.

I could go on, but unfortunately I haven’t got the time. In any case, one thing that has become clear to me over the past few years is that what works best in an online classroom also happens to be what works best in an interpreting classroom. If you doubt me, just imagine teaching interpreting the other way around – all theory, without any clear structure or objectives (just throwing students off the deep end to “do an interpretation”), and with no interaction at all. See what I mean?


Ladies and gentlemen, fellow trainers, there are a lot of very exciting initiatives currently happening in the interpreter training world that look to make the most of blended learning techniques. This Conference is one of them. I hope that my two main messages today – that there are already plenty of examples to follow and learn from out there, and, more importantly, that our tried and tested interpreter training techniques are already optimised for online delivery – will prove inspiring to all of us as we continue to explore opportunities. Thank you very much!